No solo la detención del firme opositor y colega de la señora Machado —me refiero a Juan Carlos Guanipa— ha sido la noticia que acapara la ronda informativa. Nuevamente, el gobierno del señor Maduro, descarado y sinvergüenza, muestra otro claro ejemplo de secuestro, opresión y, lo que ya resulta más evidente que el agua, una dictadura sin precedentes. La actualidad venezolana se enfrenta así a dos hechos de gran repercusión, como bien dice el título de este artículo: "Secuestraron a Guanipa y se robaron las elecciones". Un “premio doble” o, mejor dicho, un doble secuestro.
Por un lado, el caso del señor Guanipa, un hombre de valores coherentes con la lucha democrática, representante de María Corina Machado y defensor de los derechos humanos, es especialmente alarmante. Es una de esas pocas y valientes voces que aún quedan en Venezuela. Todos sabemos los riesgos que implica hacer política o simplemente declararse opositor en el país. Maduro, obsesionado con acumular más y más poder, intenta reducir —uno por uno— la lista de quienes integran las filas contrarias al régimen. No puede encarcelarlos a todos a la vez, pero sí puede atraparlos individualmente en esta guerra de desgaste.
El ejecutor de esta detención, Diosdado Cabello, la anunció en su programa de televisión, acusando a Guanipa de incitación al odio y otros “crímenes” sacados directamente de una libreta de fantasías y disparates. Pero, queridos lectores, esta no es la primera vez que ocurre algo así, y lamentablemente tampoco será la última. Aún más alarmante es que el propio Maduro se haya referido recientemente al chavismo como una minoría, lo que pone en evidencia una realidad innegable: en Venezuela, como en Cuba, no se habla de elecciones, sino de reelecciones. No existen garantías para el sufragio libre; lo único que queda es una dictadura dispuesta a hacer todo lo necesario para perpetuarse en el poder.
Dicho secuestro de Guanipa es grosero, vulgar y criminal. Lo dije y lo repito: quieren intimidar a la señora Machado con un programa de terror y persecución. Quieren forzarla a salir del país. Están demostrando que tienen dientes y que no llevan bozal, que ninguna cadena los retiene —ni Estados Unidos ni Europa—. Quieren morder, hacer ruido y dominar. Conjuntamente el “proceso de filtro” en estas elecciones es una vieja estrategia chavista —ahora madurista— para reciclar a sus fieles y humillar de forma súbita a los llamados “alacranes” como los señores Capriles y Rosales. Seguimos viendo a figuras como Adán Chávez y Rafael Lacava. ¿Cuánto tiempo más piensan quedarse o acaso sus intenciones enajenadas aspiran morir en el poder? El gobierno rota a sus candidatos, introduce algunos rostros nuevos y los exhibe con entusiasmo, pero en el fondo son más de lo mismo, con distintos nombres en conchupancia.
Resulta que también pretenden anunciar un nuevo modelo electoral. El señor Maduro ha hablado de utilizar la Constituyente para instaurar un sistema “mejor y más adecuado”. Pero, en realidad, busca uno más fácil de manipular, falsificar y esconder. Espero que no se refiera a modelos como el europeo o el cubano, ya que serían completamente disfuncionales en el contexto venezolano. Perderíamos lo poco que aún queda de legitimidad, ese “factor real” que —a pesar del caos— todavía permite evidenciar lo ocurrido en las elecciones del pasado 28 de julio de 2024.
Se insinúa también la intención de entrelazar el poder comunal con el sistema electoral. ¿A qué se refiere exactamente? ¿Qué pretende? Estamos frente a un régimen autoritario, capaz de engañar, ultrajar, limitar y perseguir. No hablamos de una política de dudosa aprobación —como lo decoran medios o políticos europeos—. Hablamos de una dominación total, una usurpación que tiene 26 años y contando.
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