Las disculpas deben ser honestas, los perdones y lamentos se deben palpar desde los ojos hasta los pies; las palabras que no se sienten, aquellas que no vibran en la mente y corazón de quien las dice, no tienen peso ni serán tomadas en serio. El señor Rodriguez, no se disculpa, en cambio, exige que lo perdonen, entre sus palabras contrarias y antónimas a cualquier intento de extender la mano y los sentimientos. En su discurso refleja la satírica y desanimada motivación de decirnos practicamente que los 27 años arrebatados con violencia al pueblo venezolano hablando de torturas, persecuciones y daños colaterales, fueron en su visión difundida muchas veces el día de ayer 05 de febrero en horas de la tarde, gajes del oficio. Entonces, como bien lo sabemos no existe una disculpa, no hay un perdón, no quieren, ni merecen ser perdonados, ellos no están arrepentidos, sino, orgullosos de lo que hicieron y sí no estuviera el señor Donald Trump, el señor Ma...
En este duelo pasivo-agresivo del oficialismo venezolano, existe un dilema que baila al ritmo de una salsa caraqueña. Por un lado las instrucciones claras del presidente Donald Trump en ejercicio de sus labores como jefe de gobierno norteamericano, responsable de la encarcelación del señor Maduro -a quien con el mayor anhelo- le deseo un frío ininterminable en las cuatro paredes de su celda en New York. La señora Delcy presidente interina Rodríguez, nótese el sarcasmo, libra un duelo de esgrima con su propia gente. El miedo se revela ante los falsos protagonistas, aquellos que mal llamados a sí mismos en su deshumilde pasado "los intocables", sin embargo, no solo la capital tembló cuando impactaron las detonaciones, también lo hicieron sus manchados pies y manos, que con un rojo carmesí invisible a plena vista pero reconocible para cualquiera que defienda las libertades y la democracia en todos sus aspectos. El comité de los rojitos, en...