Las disculpas deben ser honestas, los perdones y lamentos se deben palpar desde los ojos hasta los pies; las palabras que no se sienten, aquellas que no vibran en la mente y corazón de quien las dice, no tienen peso ni serán tomadas en serio. El señor Rodriguez, no se disculpa, en cambio, exige que lo perdonen, entre sus palabras contrarias y antónimas a cualquier intento de extender la mano y los sentimientos. En su discurso refleja la satírica y desanimada motivación de decirnos practicamente que los 27 años arrebatados con violencia al pueblo venezolano hablando de torturas, persecuciones y daños colaterales, fueron en su visión difundida muchas veces el día de ayer 05 de febrero en horas de la tarde, gajes del oficio. Entonces, como bien lo sabemos no existe una disculpa, no hay un perdón, no quieren, ni merecen ser perdonados, ellos no están arrepentidos, sino, orgullosos de lo que hicieron y sí no estuviera el señor Donald Trump, el señor Ma...
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