Las disculpas deben ser honestas, los perdones y lamentos se deben palpar desde los ojos hasta los pies; las palabras que no se sienten, aquellas que no vibran en la mente y corazón de quien las dice, no tienen peso ni serán tomadas en serio. El señor Rodriguez, no se disculpa, en cambio, exige que lo perdonen, entre sus palabras contrarias y antónimas a cualquier intento de extender la mano y los sentimientos.
En su discurso refleja la satírica y desanimada motivación de decirnos practicamente que los 27 años arrebatados con violencia al pueblo venezolano hablando de torturas, persecuciones y daños colaterales, fueron en su visión difundida muchas veces el día de ayer 05 de febrero en horas de la tarde, gajes del oficio. Entonces, como bien lo sabemos no existe una disculpa, no hay un perdón, no quieren, ni merecen ser perdonados, ellos no están arrepentidos, sino, orgullosos de lo que hicieron y sí no estuviera el señor Donald Trump, el señor Marco Rubio y el gobierno norteamericano presentes, volverían a hacer exactamente lo mismo e incluso peor.
Por lo tanto no, yo no me creo ese perdón ni tampoco le otorgaré la sonrisa colérica de un acercamiento al oficialismo, porqué no merecen tal acción, sus manos manchadas en tinta roja indeleble, denota que mi pesquisa y cuestionamiento va tan certero como la historia que ha desembocado nuestro país en los últimos meses.
En la nueva ley de amnistía que intenta reparar -nuevamente lo menciono- 27 años de películas de terror, se aflora la idea de no contemplar refugio para las personas que celebraron el ataque norteamericano a Venezuela, aquellos que festejaron la nueva fecha patria en Venezuela -me refiero- la caída del dictador, Maduro. No obstante, vienen estos señores a decirnos que seguirán castigando y violentando los derechos a las personas que festejaron las acciones estadounidenses, en efecto, tendrán que meter privar de la libertad a toda Venezuela; entonces, se quedarán sin soldados, sin políticos y sin trabajadores; porqué hasta los chavistas se alegraron en el momento que atraparon a Maduro, y con toda lógica, sobran las razones.
El nuevo oficialismo quiere hablar de promesas y nuevas misiones que se verán en los próximos meses, pero no existe un progreso definitivo, apenas los norteamericanos aparten la mirada -sí es que esto ocurre- volverán a hacer lo que siempre ha caracterizado a estos seres, su respuesta a todas las interrogantes: represión y violencia.
Proclaman una nueva ley que abarca eliminar ese historial que empezó en el año 1999 y permita reinsertar a la población que ellos mismos alienaron y desaparecieron, pero con puñal en mano, pedro navaja rie y brilla su diente de oro, digo, los hermanos Rodríguez. El perdón se gana, no se compra ni se vende, aunque regalen microondas y neveras -tal vez eso les funcionó en el pasado- pero no en la actualidad. El venezolano que ha viajado y analizado la vida en otros países no es el mismo de antes, hasta el más adepto al oficialismo podría ser en nuestro presente un opositor al sistema que se ejerce en nuestro país.
Siguen mandando a sus nada disimulados motorizados con camisas rojas, con ánimos de perseguir, acosar y violentar. Quitan y ponen, van y vienen. Cuidado señores, que estos seres nunca han sido de fiar, en estos instantes mucho menos.
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