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Después del terremoto - A.J Bravo Columna de Opinión

 Reunir las palabras después del terremoto ha sido uno de los duelos más fuertes que he podido enfrentar como escritor en los últimos tiempos; intentar asignar palabras a la catástrofe que arruinó la vida de tantas personas, incluso escribir desde el exterior con el desespero y necesidad de haber estado ahí, haber podido auxiliar a todos aquellos que la historia venezolana y latinoamericana nunca olvidará. 

Recientemente encontré en las redes sociales una foto de alguien que había encontrado un titulo de la Universidad Central de Venezuela entre los escombros recopilados de La Guaira después de la tragedia. Yo pensé mientras sonaban las noticias: "Esas personas también tenían sueños, familias, metas, ilusiones y expectativas". Esas víctimas en la tragedia de La Guaira también tenían derecho a hacer sus vidas y lograr sus objetivos, las circunstancias cambiaron el mundo que los rodeaba permanentemente. Lo material es cualquier cosa, el apartamento, los muebles, el mármol en la cocina, la nevera de último modelo, el carro de agencia; la vida será siempre e indiscutiblemente más valiosa, no importa cómo, dónde o cuándo. Creo que para aquellos que vivieron esa calamidad quedará tatuado en su idiosincrasia de vida.

El desgobierno es claramente culpable y siempre será culpable: la ineficiencia, la falta de previsiones, la terrible gestión de desastres, la pobre arquitectura y los miles de engaños que intentan esconder en los números sin cara que pasan colados debajo de la alfombra, muestran una vez más el insólito e irremediable escenario que mantiene tristemente Washington en el poder. Y los países del mundo han publicado las mismas cifras y números que propone el gobierno en su inexorable chiste.

No existe memoria -en criterio nacional- respeto o duelo por los caídos, su legado ha sido deshonrado desde el día en que Delcy Rodriguez asumió la dirección de la nación y asimismo decidió a puño limpio instalarse como regente; no obstante, ver a Diosdado Cabello caminando libremente entre agentes de la CIA no solo genera confusión, sino, repulsión. 

Pensé que la transición involucraba el orden general del país, el procedimiento en favor a la justicia, el llamado histórico a nuestras elecciones pasadas en las que insistiré siempre, ganó indiscutiblemente Edmundo González; y el resultado que todos anhelamos, la conformación de una nueva Venezuela.

Sin embargo, la sangre derramada -por gusto- las trabas y problemáticas en labores de rescate y salvaguarda demuestran una vez lo cínico y sádico que pueden ser las mentes del oficialismo y sus constantes inacciones. Cómo los guardias fungieron su labor para lastimar al pueblo y traumar a los estudiantes y cómo en esta actualidad fueron incapaces de socorrer a su propio pueblo y hermanos venezolanos. 

Por suerte, distintas naciones no han olvidado el peso y la responsabilidad internacional en nuestro país. Recibimos ayuda de todos los rincones del mundo, a pesar de los esfuerzos y entorpecimientos del régimen en contra de aquellos que solo querían salvar vidas de las víctimas. El gobierno de Delcy hizo lo imposible por dejarlos morir, purgar a un país sin culpa, evidentemente, hablamos del fin del chavismo, el fin del madurismo y el fin del Delcismo -sí, tan rápido como llegó deberá irse-

Crítica a la sociedad y mediática actual:

Venezuela está perdiendo la moda, el interés mediático, ya no somos noticia, ahora se habla de una hamburguesa de tres carnes y un partido de fútbol con millones de fanáticos enloquecidos. Señores, la crisis en nuestro país no podría taparse ni cerrando los ojos. Las personas que están en La Guaira han enfrentado las siete plagas de Egipto y aún así continúan sus labores de rescatar una nación en sus propias y fragmentadas ruinas. 

El mundial de fútbol falleció el día en que ocurrieron ambos terremotos en el país que me vió nacer. No concibo hablar de deportes cuando sé que en mis tierras existen más de 10.000 personas fallecidas, pero sigamos fingiendo que el desgobierno está publicando las estadísticas y contando eficientemente a los fallecidos. La verdad es que no han enfrentado una emergencia de este tipo jamás en su política, no saben cómo lidiar tal evento, como evitar las noticias y controlar a un mundo que se logra percatar de la naturaleza malvada que esconde el oficialismo y su sanguinaria sed de poder y ambición. 

Me sorprende que distintos países compartan y publiquen las mismas cifras que comparte el régimen de los Rodríguez, hasta una hormiga que vivió en la Guaira estaría al tanto -in vino veritas- que los hechos mortales superaron con creces la estafa de información que nos sigue intentando vender Miraflores. 

"Que la verdad sea libre y que Dios nos ampare, tiembla en Venezuela."


Abelardo J Bravo Herrera


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