Tomemos un momento para mentirnos en la cara, para autoengañarnos, maquillamos la política, ponemos unos ceros acá, pintamos de blanco lo que antes fue de rojo, mantengamos una represión clandestina, seguimos a la gente a las casas y por las calles, por nombre ya no somos chavistas ni tampoco maduristas, ahora nos apodamos "delcistas interinos" negamos la amnistía, pero de igual manera permitimos una sede de un partido opositor, quitamos a unas fichas del antiguo gobierno y ponemos a otros rostros del mismo bando pero menos demacrados -digamos, no tan envejecidos o viciados- lo suficientemente conocidos para trabajar, pero lo suficientemente desconocidos para que el pueblo no tenga la mínima idea de cómo llegaron hasta ahí.
Empiezan las noticias: "España quita la protección a los venezolanos" y asimismo los países europeos empiezan a hablar de un tema que necesitan y les hace demasiada falta, en lo absoluto es hablar español, sino, petróleo. Ellos también quieren dicho recurso y no sólo se expresa en sus letradas y diplomáticas palabras, sino, en las tantas derivadas acciones. Las dictaduras no padecen de tanto debate moral cuando el oro negro -el petroleo, me refiero- está en el mismo discurso, por un lado, el estrecho de Ormuz fuera de las opciones rutinarias para obtener sus proviciones, y ahora tienen el deber de poner los ojos en otra parte, es entonces cuando entra Venezuela y Sudamerica en la plática internacional; nostros tendremos que limpiar los platos sucios de los europeos, cuando claramente nuestro continente americano aún no se da abasto para solventar y superar los problemas, mafias, crisis y corrupciones que nos acompañan por generaciones, ese caudillismo ilustrado, la hegemonía del pensamiento latinoamericano y la creencia de que otros van a solucionar nuestros problemas cuando nosotros mismos no podamos enfrentar la epopeya del desastre.
Delcy Rodríguez rodilla en tierra, camarada y revolucionaria, empieza a verse menos perversa, diabólica y malvada cuando rinde cuentas a los Estados Unidos en especial al señor Donald Trump, al menos, eso se comenta en la opinión pública. No obstante, me pregunto: ¿Ha olvidado el mundo cuántas penas vivió nuestro país? ¿Han pactado por una solemne paz o por cruda necesidad? ¿Dónde está nuestro victoriano Edmundo González? ¿Qué pasa con María Corina Machado en este tránsito? ¿Qué será lo que no han revelado de forma oficial? Detrás del telón existen muchas dudas y pocas respuestas.
En otras informaciones, han comenzado a racionar el servicio eléctrico en Venezuela, en esta oportunidad no es un opositor, ni una iguana, ni tampoco una iguana opositora como relataría el magazine del Chiwire Bipolar. Ahora el enemigo número primordial de nuestro país es el sol y el fenómeno del niño; únicamente comparables con el personaje Diosdado Cabello, del que se comenta que está buscando un supuesto asilo político en Brasil con su compañero Lula. En este caso confío plenamente en que se lleve a su querida hija, recién acomodada en una no tan humilde oficina. Les deseo que por allá logren su grandioso sueño de vender empanadas, solo que, algún día pagando cada uno de los millones robados y escondidos en los bolsillos.
Venezuela está atravesando un punto clave en la nueva formación del país, pero no, aún no somos el estado 51 de los Estados Unidos, y aún no somos una democracia constituída, ahí sigue el nepotismo, más precisamente el hermano de Chávez, Adán Chavéz, la familia de Maduro y próximamente la de Delcy Rodríguez, los hijos, los sobrinos, el tío, el compadre y los miles de primos; ese amiguismo que nos caracteriza por criollos, esa clásica politiquería de entrometer a los parientes (enchufarlos, como dicen) cuando no saben nada al respecto, le voilá señores, la falsa política está vivita y coleando.
No crean ustedes que esto con una caja de crellones Faber Castell lo podemos pintar y acomodar, ni siquiera con Jesús Soto de artista.
Si, así de complicado es el tema.
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