Edmundo Gonzales entregó la presidencia, oposición y gobierno anuncian un pacto en Panamá - A.J Bravo columna de opinión
Las últimas semanas del mes de mayo no han pasado desapercibidas, especialmente con las noticias que involucran distintos tópicos y relaciones. Por un lado, el retorno de la antigua columna opositora venezolana desde los tiempos de Guaidó y Leopoldo López, Antonio Ledezma (quien por cierto su yerno ocupa el primer capítulo de mi libro "Memorias de un venezolano en el exilio") sin embargo, me refiero al señor Lester Toledo, quien a voz populi reclamó una investigación abierta contra el caso de Guaidó y aseveró que no ocurrirán las prontas elecciones que la oposición reclama. Además, infirió estar impune de cualquier delito, asegurando que en sus manos no se manipuló ningún dinero referente a la ayuda humanitaria. Ahora todos son santos y siempre se prenden las velas, pidiendo entre sus plegarias un golpe de suerte.
Testificó frente a las cámaras que no estaba implícito en tales actos y artimañas; sin embargo, en el periodismo las dudas no se calman con el tiempo, sino que reverdecen.
Unas cuantas fotos de la señora Machado con personajes que he nombrado en el párrafo anterior, hablando de unión, fuerza y perdón; insistiendo en que los venezolanos, en esta nueva oportunidad, necesitamos a todos en apoyo y presencia. Sin embargo, me preocupa que la oposición no tema a estos individuos que, con trajes y corbatas, se visten y se cuelan entre ellos; son tan culpables como el propio chavismo de lo que le ocurrió a nuestro país. Aquí ninguno se lava las manos y no lo vamos a permitir.
¿Por qué hemos de necesitar a los opositores de la Venezuela del 2015, que nos abandonaron y negociaron su salida? En esa época todo fue un teatro y todo fue en favor de la "Vaca Sagrada" del señor Juan Vicente Gómez, propiciando su huida. No obstante, ahora todos se reúnen, posan frente a las cámaras y el pueblo siempre padece las úlceras del gobierno que lo domina.
Después de clavarnos el puñal con esos rostros conocidos que propiciaron nuestra tragedia de años posteriores y actuales, tienen las santas devociones de hablarnos de un manifiesto en Panamá; la idea solemne de que exista la plena posibilidad de un acuerdo o negocio entre el gobierno y la oposición.
Yo me pregunto: ¿No hemos tenido ya suficientes negocios entre ambos bandos? ¿Han sido esas reuniones, en el pasado histórico de la nación, útiles y favorables para nuestro desarrollo?
Tristemente debemos analizar el plano general de la historia. No solo es un cruce de palabras y debates morales o políticos; existe en el background la intención del negocio, que debemos interpretar como el punto medio entre ambas ideologías. Es cierto que la señora Machado no necesita de ese 20%, o incluso mucho menos, que irónicamente, después de todo lo que hemos sobrevivido, sobra en las encuestas; aquellos quienes se autoidentifican como chavistas o delcistas, rodilla en tierra.
Pero puede que estemos ante la presencia de un enfoque distinto que escapa de la mente y opinión popular. Me refiero a que los Estados Unidos pueden tener mucha injerencia en este tipo de actuaciones. Sin embargo, eso no significa que los intentos sean provechosos; lo hemos visto antes y lo podríamos seguir viendo después.
El señor y victoriano Edmundo González Urrutia, del cual mi persona estuvo presente como periodista corresponsal de Venezuela en Berlín en ese involvidable 28 de julio del 2024, ha decidido entregar la presidencia intentando mediar los problemas que persisten en la división política. Más exactamente, no es una división; no hablamos de millones de venezolanos que apoyen al desgobierno actual, pero sí hablamos y queremos conversar de condiciones para ejercer nuestro derecho al voto, algo que ha sido negado durante 27 años y contando.
El señor González ha entendido uno de los factos más importantes de la política: no ser una piedra tranca del dominó; soltar cuando es necesario, entendiendo que perdiendo también se gana. Su decisión es una de las más cruciales de los últimos tiempos. Se necesita valor y devoción a su pueblo para tomar ese tipo de discernimiento y no insistir en continuar con su título.
El desgobierno de la señora Rodríguez jamás iba a entregar su puesto, y esta es la gran diferencia entre lo que significa la devoción moral y ética a la hora de desempeñarse en un cargo político; algo que claramente el oficialismo nunca tendrá.
Nuestro panorama es ahora muy distinto. No tenemos un presidente de la oposición y otro del oficialismo; ya no existe ese mondongo llanero. En su último discurso, González ha aclamado la realización de elecciones en nuestro país, pero ¿tendremos las condiciones y será finalmente la voluntad del pueblo la que predomine?
¿Volveremos a comer plátano verde con adobo y ají para simular el sabor de la carne?
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