En la escuela de comunicación social, nos enseñan distintos artes del periodismo, cómo tener una figura neutral en una entrevista, cómo titular un texto, cómo hacer un buen primer párrafo (lead o entradilla) con el hexagono interrogativo del cómo, dónde, cuándo, qué y por qué; pero también nos enseñan uno de los matices más relevantes -a mi criterio- del periodismo, me refiero a la opinión; como nosotros podemos no solo utilizar la rama de la comunicación para educar -como en la radio- o informar -como en las noticias- sino, cuestionar y denunciar. Hago este prólogo porque en distintas ocasiones es necesario ese "call the action" referente a estos enunciados, para comprender en sí mismo el escenario de mi columna anterior.
Como escritor y periodista he basado mi labor profesional en criticar al oficialismo de Venezuela y cualquier otra muestra de autoritarismo o dictaduras en el mundo, como ha sido en los casos en que abiertamente me he implicado hablando de Brasil, Colombia y Estados Unidos. Lo he hecho no porque mi persona posea la verdad absoluta, sino, porque consiento una versión de los hechos que considero relevante ante el mar de información; no me refiero a ponerle picante a nuestro plato noticioso principal, o desglosar a gritos literarios mi posición antónima, contraria y dialéctica. Pretendo -como siempre lo he hecho- marcar una distinción entre lo que debe ser y lo que está generando posiciones o diferencias.
Pero exactamente son las diferencias el principio de la sabiduría, diferir, estar de acuerdo en no estar de acuerdo. Dejar de aplaudir como focas y entender que la política y las decisiones son mucho más que un episodio de "Juego de Tronos". En la vida real no hay dragones, ni zombies renacidos del hielo, ni caballeros, ni grupos aristócratas en la corte real. El escenario es muy distinto, tenemos un desgobierno una oposición que lucha por seguir constituida, miles de pensamientos, discernimientos y miles de influencers que están esperando likes en tiktok o en su último video en Youtube.
El tema de Venezuela sigue siendo muy relevante hoy en día, pero vuelvo e insisto, no se trata de aplaudir sin explorar o profundizar las acciones o el peso de las mismas. No sabemos que está ocurriendo con el oro, los diamantes y demás; ahora somos el segundo país que más exporta petróleo a los Estados Unidos, pero el pueblo no nota los cambios -me disculpan- no hablo de una campaña anti-Trump, se llevaron a Maduro, no podría estar más agradecido por ello. Sin embargo, nunca me han gustado los paréntesis y puntos suspensivos, me refiero a ese sentimiento de no saber que puede ocurrir, aún cuando todas las posturas enuncien voz populi que están en la fase dos, tres, cuatro, cinco y seis.
Los venezolanos se han vuelto ateos en la política, ellos dejaron de creer en alguien o en algo. Resulta claramente la consecuencia de tantas promesas envueltas en un mismo guiso. Al final de los finales, todos apuestan por ninguno, el "homo hominis venezolanus" está decepcionado y es en defecto un fatalista, rencoroso y encuentra enemigos donde abundan fantasmas y entes del bajo mundo. En defensa de estos párrafos podemos decir: no es su culpa, hemos confiado antes y perdido las esperanzas.
Entonces, cuando criticamos porque nuestro propósito de trasfondo es plantear la corrección, insisto "periodismo para informar y periodismo para corregir" nos convertimos en alguien tachado de injusticias o enemigo del pueblo; cuando realmente no queremos que trascienda las mismas equivocaciones del pasado histórico.
Aún no nos hemos convertido en el estado 51 de Estados Unidos, de hecho, por más bromas del presidente Trump en sus redes sociales, estamos muy lejos de eso; aunque algunos de los venezolanos así lo deseen. Existe una campaña de desprestigio que beneficia a la señora Rodríguez en el oficialismo, en otras palabras, cualquier error de María Corina Machado, cualquier equivocación, ilustra en el oficialismo la intención de una estocada. Por ello, las fallas que comete la oposición son más contundentes que los actos malignos y siempre equívocos por parte del oficialismo.
Aquellos que aún no perdemos la esperanza, cuidamos a nuestros líderes con el pensamiento y las palabras ilustradas en ejemplo como un niño: "no te comas eso, no juegues ahí, no agarres esa vaina" nosotros también procuramos tomar de la mano a la oposición y decirle figurativamente por donde creemos que podría ser el verdadero camino. Ojalá pudieramos manejar toda la información, ojalá pudieramos saberlo todo, pero no es así. Nos alimentamos con las redes sociales e interactuamos como internautas en ese océano de opiniones que convergen, donde todo puede pintarse de amarillo, azul, rojo y otros colores.
"Kilómetro menciona que los venezolanos asilado en Estados Unidos mintieron y son en gran mayoría personas que tienen un caso infundado" y posteriormente "Kilómetro se disculpa con los venezolanos por emitir tales declaraciones". Señores, hemos caído en una red digital tan aglomerada que no nos hemos percatado en donde estamos y hacia donde debemos ir; el enemigo del venezolano no debería ser otro venezolano. Debemos corregir con periodismo y labores sociales, es la única forma de que algunos se instruyan,
especialmente aquellos que se niegan a aprender.
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